Aparte de ese momento de tristeza que se le escapó a Cruz cuando vio mi anillo, no le volví a ver mostrar tristeza.
Trabajó la vida como de costumbre.
Sin embargo, cuando volvía al castillo donde habitábamos juntos pasaba, como de costumbre, su abrigo hacia atrás y pronunciaba mi nombre.
Entonces se daba cuenta de que no estaba allí, y una mirada inexpresiva se filtró por su rostro.
Cuando se acercaba el festival de la tribu Blackclaw y los súbditos le entregaron documentos de los estados de las