La voz de Harl era baja como un trueno apagado, la punta de su daga apuntando a la garganta de Cruz: —¡Pagarás la vida de Clara con tu sangre!
A Cruz le pilló desprevenido y levantó el brazo para bloquear, pero el ataque de Harl continuaba como una tormenta, haciéndole tambalearse hacia atrás.
—¡Te ayudé a matar a tus dos hermanos porque me prometiste que le darías a Clara la felicidad eterna!
La muerte de los dos hermanos de Cruz fue concluido como un accidente, pero resultaba ser un plan inten