Sabiendo que nunca volvería, Cruz empezó a beber todo el día.
Había veces en que se emborrachaba y me reñía por haber acosado a Melinda y me llamaba arpía.
La mayoría de las veces, gritaba mi nombre todo el tiempo, luego entraba corriendo en la cámara de hielo donde estaba almacenado mi cuerpo y besaba mi cadáver ya putrefacto.
Esa imagen hizo que incluso yo, dueña de ese cuerpo, sintiera asco.
Tras los repetidos retrasos de Cruz en ocuparse de los asuntos internos de la tribu debido a su alcoho