Fiona ya había dicho todo lo necesario y no quería seguir perdiendo el tiempo.
—Durante cinco años cumplí con todas mis responsabilidades como esposa. No te debo nada. Ahora vete. No quiero volver a verte en toda mi vida.
Rubén sabía que ya no tenía derecho a pedirle perdón.
Pero tampoco podía rendirse. En toda su vida solo se había enamorado de dos mujeres: de la versión inocente de Laura que él mismo había inventado y de Fiona.
La primera no existía. Fiona sí.
—Sé que me odiarás por lo que voy