CAPÍTULO 32
SIENNA
Miro el reloj de la pared, sabiendo que el tiempo ha terminado. Acerco mi oído a su nariz… entonces lo siento, débil, pero estaba ahí, ¡el bebé estaba respirando! Con una sonrisa, miro a la doctora Cady, que también sonríe. Acomodo al bebé, bajando su cabeza para una mejor respiración.
—¡El bebé respira! —anuncio a todos en la sala de parto.
Escucho suspiros de alivio y unos cuantos aplausos. Las enfermeras corren y se hacen cargo del recién nacido.
—Realícenle un análisis de