CAPÍTULO 31
SIENNA
—¡Vamos, Eric! O llegaremos tarde y no quieres que eso suceda, ¿o sí?
Veo que el lindo Eric está arreglando sus hermosos rizos dorados. Me dedica una mirada soñadora, esa mezcla de inocencia y profundidad que solo los niños poseen. Cada vez se parece más a su padre; en su cara veo reflejadas las mismas travesuras que él solía hacer.
—Claro que no, mami. Pero necesito verme bien en mi primer día.
—Cielo, pero si no es tu primer día.
—Todos los días lo son, mami. Un d