Atardecer de ese día, mientras terminaba una nueva investigación de hierbas medicinales, de pronto vi a León parado en la entrada.
Fruncí el ceño, intenté esquivarlo y salir rápidamente.
Para mi sorpresa, me atrapó con un brazo y murmuró:
— Margarita.
Su voz contenía una ansiedad que nunca antes le había escuchado.
Después de tantos años juntos, era la primera vez que me llamaba así.
Lo miré sin expresión:
— ¿Qué quieres?
Sus ojos reflejaban una súplica apenas disimulada:
— Margarita, vine