El silencio que siguió fue denso, asfixiante. El aire parecía más pesado. Ella levantó la vista lentamente y lo vio de espaldas, de pie frente a la ventana, contemplando el paisaje exterior como si necesitara controlar un impulso violento.
—Muy bien. —La respuesta salió en voz baja, casi un susurro, pero cargada de algo que Natália no logró captar.
Fernando abrió un cajón del escritorio, sacó una cajita y de ella extrajo un anillo. Con pasos firmes y mirada penetrante se acercó a ella.
—Dame la