El avión aterrizó en Congonhas poco después de las once de la mañana. Amaral y Dias bajaron con carpetas en la mano y rostros serios. El cielo nublado de São Paulo parecía reflejar el estado de ánimo que ambos llevaban consigo.
No conocían a la pareja que desembarcó junto a ellos y que había viajado en el mismo avión.
Afuera, mientras Pedro y Cecília tomaban un taxi, un coche camuflado los esperaba. Al volante estaba el comisario Brandão, jefe de una de las divisiones más respetadas de la cap