—Esmeralda, si pudiera, volvería en el tiempo para nunca conocerte.
Me miraba con esos ojitos, como si hubiera hecho algo que le rompiera el corazoncito, como si lo hubiera herido hasta el punto de querer renunciar a mí definitivamente.
Ese dolor, incluso, hizo que mi corazón sintiera un leve remordimiento.
Pero no lo mostré, no podía mostrar que aún me daba lástima. En cambio, le sonreí y le dije:
—Yo por mi parte pues haría lo mismo.
Si pudiera, él no sería nadie en mi vida.
Si así fuera, ahor