Luna ya sentía que pedirle ayuda para mi divorcio era una humillación, y ahora pensaba que yo la estaba insultando aún más. Me odiaba, tanto que casi no podía mantener su imagen de jovencita pura y casta.
—David... —Le costó mucho contener el odio en su corazón antes de mirar a David, tratando de quejarse con él.
Pero David ni siquiera la miró. Simplemente me alzó en sus brazos y se fue.
Esto la enfureció hasta el punto de casi volverse loca.
Y yo no estaba mucho mejor.
Ahora mismo, con solo sen