Armando, mientras me miraba con un toque de gentileza.
—Sabe que me muero de ganas de ver al profe, así que le rindió para buscar una excusa para invitarlo a salir.
—¿No quieres cenar con él?
Él quería que cenara con él de manera abierta y sin rodeos, pero yo no era capaz. Me sentía culpable, asustada.
Después de tantos años, no quería que el profe, que apenas habría logrado olvidarse de esta estudiante que tanto lo decepcionó, volviera a pensar en mí con pena y desilusión.
—No pienses tanto. Es