Capítulo 37
Después del impacto, los ojos de David, tan increíblemente lindos, se llenaron de dolor.

—Esmeralda... —Intentó decir algo, pero su cuerpo alto y fuerte no pudo sostenerse más, y se desplomó hacia un lado.

Lo miré mientras caía, sin sentir la menor emoción.

Cuando tocó el piso, una oscuridad se apoderó sus ojos, no podía ver con claridad. Lo único que seguía siendo nítido era la imagen de Esmeralda, la mujer que una vez lo amó tanto.

Allí estaba ella, mirándolo como si fuera un extraño. Luego, s
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