Pero aunque yo tuviera algunos recursos, no podía compararme para nada con la familia Costa.
Si ellos no querían que yo lo viera, no había forma de obligarlos.
Solo podía mandar a alguien a investigar primero.
Después de terminar los asuntos pendientes, tomé mi abrigo y me dirigí a una cita con un profesor.
Esto de contar con expertos de renombre en el ámbito científico para limpiar mi nombre, se lo debía completamente al profesor de física.
Justo cuando iba a entrar al salón reservado, vi una c