Aún no había llegado a casa cuando recibí la llamada de David.
—Esmeralda, ¿para qué haces esto?
Aunque no lo dijo claramente, supe exactamente a qué se refería.
Luna no pudo esperar para ir a contarle lo sucedido.
Él me dijo que apoyara a mi querida hermana, a su amante.
Me reí con indiferencia.
—¿Y si en serio quiero hacer esto?
David parecía muy abrumado de todo:
—Esmeralda, no importa lo que haya pasado…
Antes de que pudiera terminar, lo interrumpí.
—No me vengas con que,