Vínculos Eternos De Sangre.
Hacía semanas que Anna no veía a Mariana.
La guardia empuñó las llaves, abrió una puerta pesada y señaló con un gesto brusco el lugar donde debía esperar. Anna asintió en silencio y, al entrar en la estancia iluminada por una áspera luz artificial, dejó escapar un profundo suspiro. Estaba tratando de tranquilizarse, aunque sabía que aquello nunca era fácil.
Pasaron unos segundos eternos hasta que Mariana apareció. La sola visión de su figura entrando en la sala golpeó a Anna con fuerza en el pe