Capítulo 61: Fragilidad.
El doctor la observó un instante y levantó la mano antes de señalar la entrada de la sala de observación de la clínica.
—Sígame. Por acá, por favor.
Anna entró con pasos medidos, aferrando el bolso entre las manos mientras avanzaba lentamente por el pasillo bañado en una luz blanca y fría.
El aire olía a desinfectante, a ozono y a algo metálico; un aroma estéril que volvía todo irreal, como si caminara dentro de una pesadilla de la que aún no conseguía despertar.
Al entrar en la habitación,