El doctor Brown entró a la sala caminando despacio, retirándose el gorro quirúrgico con movimientos pesados y cansados. Su expresión, severa y contenida, hizo que el ambiente se tensara de inmediato, como si el oxígeno se hubiera agotado de golpe. Sin necesidad de palabras, todos se levantaron casi al mismo tiempo y se acercaron a él, movidos por una urgencia desesperada, buscando en las grietas de su rostro alguna señal de esperanza antes incluso de que pronunciara la primera sílaba.
—Doctor,