Al principio, las palabras salieron torpes, pesadas, como si hubieran permanecido demasiado tiempo encerradas en un rincón polvoriento del alma. Pero una vez que la primera barrera cedió, el torrente fue imparable. Kate dejó que todo fluyera, liberando la presión que amenazaba con asfixiarla.
Le contó sobre la boda. Describió cómo el aire se había vuelto denso y eléctrico incluso antes de que Mariana se acercara; esa presencia gélida que siempre precedía al desastre. Habló de su mirada afilad