—Ah —añadió Marcos, con una frialdad que helaba el ambiente—. Más te vale que ese niño sea mío… porque si la prueba de paternidad sale negativa, te juro que haré de tu vida un infierno.
Su voz no se alzó, pero la amenaza pesó más que cualquier grito. El silencio se extendió por unos breves segundos, volviéndose casi sólido entre ambos.
Mariana tragó saliva, sintiendo el peso de aquellas palabras como una soga apretándose en su cuello… pero no retrocedió. Había llegado demasiado lejos para per