Apenas llegué a mi resort en la playa, encendí mi celular.
Mis padres llamaron de inmediato.
—¡Al fin contestas! ¿Por qué tenías el teléfono apagado y no nos dejas contactarte por el vínculo? ¡Pensamos que te había pasado algo!
—¡Qué ironía! Yo iba a dormir afuera, en plena nieve, ¿y no les importó mi seguridad? ¿Ahora se preocupan? ¿Qué clase de padres son?
—¡Solo apagaste el teléfono para no mandarnos dinero! ¡Lo hiciste adrede!
—Sí, fue a propósito. Que les quede claro, papá, mamá: ¡no recibi