Mundo ficciónIniciar sesiónPasaron los días y, aunque las heridas de Lia comenzaban a sanar lentamente, no existía ninguna mejoría en aquello que más destrozaba a Giorgio. Cada vez que ella abría los ojos y lo miraba, lo hacía con la misma expresión con la que observaría a cualquier desconocido. No había reconocimiento, no había cariño, no había ese brillo especia







