El salón volvió a quedar en silencio cuando el presentador levantó una nueva tarjeta.
—Damas y caballeros, continuaremos con una obra muy especial, como les dije, donada por el Don Leonardo Romano.
Justo en ese momento, Matteo Rosseti entró al salón. Varias personas se levantaron para saludarlo con respeto mientras él respondía con una leve inclinación de cabeza. Caminó directamente hasta la mesa de los Bellamonte y tomó asiento junto a su hija.
—Espero no haber llegado tarde.
—Llegó justo a ti