Capítulo 38

El salón solar estaba lleno de luz aquella tarde. Los ventanales abiertos dejaban entrar una brisa suave cargada del aroma de las flores del jardín. En unos sillones, Bastian conversaba con lady Celeste Arvheil, la prima menor de Darian, con una naturalidad que a Avelyne la irritaba más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Celeste era... adorable. No había otra palabra. Con su vestido azul pastel que realzaba su piel clara, sus rizos dorados perfectamente formados que caían sobre sus hombros, su sonrisa cálida y ese brillo ingenuo de quien siempre ha sido mimada en su vida.

Cuando Avelyne entró con la bandeja de té y dulces, escuchó la risa de Celeste, suave y musical.

—Y entonces Darian se puso tan serio que pensé que iba a regañarme —decía—. ¡Pero no! Solo estaba preocupado porque insistí en agarrar su espada sin supervisión. —solt&o

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