Capítulo 31

Avelyne entró en la glorieta buscando un respiro del trabajo.

El sol de la tarde quemaba con fuerza y ella solo quería un lugar fresco donde poder descansar. Por un momento pensó que estaba sola, hasta que lo vio.

Bastian dormía tendido en una de las bancas con total despreocupación. Un brazo colgaba por un lado, la mano casi rozando el suelo, mientras la otra descansaba sobre su abdomen. El cabello castaño, usualmente bien acomodado, estaba revuelto, con mechones cayéndole sobre  la frente. Se le veía tan tranquilo y en calma, muy diferente a su yo vivaz y lleno de energía de cuando está despierto.

Avelyne se detuvo en seco.

Cuando está así hasta parece inofensivo, pensó, y una sonrisa traviesa se dibujó en sus labios antes de que pudiera detenerla.

Sus ojos recorrieron el pequeño espacio de la

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