Mundo ficciónIniciar sesiónLas voces pertenecían a dos jardineros.
—... te digo que ya han pasado meses desde la llegada del regalo imperial —decía uno de los hombres con tono conspirativo— y el general ni rastro de querer... ya sabes, aprovecharlo.
—Shh, no seas bruto —susurró el otro, asustado—. ¿Y si alguien te oye?
—¿Quién me va escuchar? Si aquí no hay nadie.
Dentro de la glorieta, Avelyne abri&oa







