Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche estaba un poco fría, envuelta en una brisa suave que agitaba ligeramente la superficie del agua. Avelyne se lamentaba no haberse puesto un abrigo más grueso en lugar de la delgada bata que llevaba encima de su camisón de dormir.
Se encontraba sentada en la glorieta, con las piernas recogidas sobre el banco y los brazos apoyados en la ventana, mirando el paisaje nocturno. Había perdido la cuenta de las veces que había salido así, esperando que el aire fresco ayudara a adormecerla para poder conciliar el sueño.
El chirrido leve de las piedras bajo unas botas le hizo girar la cabeza.
—Tenía la sospecha de que te encontraría aquí—dijo Bastian, asomándose por la entrada con una botella en una mano y dos copas colgando de los dedos de la otra.
—¿Tan tarde y bebiendo solo? —preguntó ella con una sonrisa distraída.
—Encontré el vino que te prometí hace tiempo —se acercó y tomó asiento junto a ella, dejando las cosas en la mesa.
—En realidad







