CAPÍTULO 27
Llegó la noche, y Sebastián nos pidió quedarnos en la cueva, era su manera de protegernos pues alrededor del lugar habian animales salvajes, yo le hice mil preguntas, necesitaba saber en qué momento mi vida se había ido a la basura.
El me contó que Úrsula siempre movió los hilos de mi vida para que pensaran que estaba maldita.
—No… no puedes decirme esto —murmuré—. ella me destruyó.
Él me tomó de las manos con cuidado, era un caballero, siempre lo recordé así.
—Ariadna —dijo con la voz quebrada —. Te amé, Pero no más que a mi vida. Sabía que si sobrevivía a esa maldita copa, Úrsula iba a matarme. Por eso me escondí, tenía miedo de enfrentar a la Luna de la manada.
Sentí un dolor profundo. No por él… sino por la mentira en la que viví tantos años.
—Sebastián… —susurré—, Te entiendo y no te odio por eso.
Él bajó la mirada.
—Lo sé. Pero me arrepiento todos los días. Si hubiera sido valiente, habría dicho la verdad. Habría vuelto contigo. Pero no lo hice. Y ahora ya no puedo