CAPÍTULO 27
Llegó la noche, y Sebastián nos pidió quedarnos en la cueva, era su manera de protegernos pues alrededor del lugar habian animales salvajes, yo le hice mil preguntas, necesitaba saber en qué momento mi vida se había ido a la basura.
El me contó que Úrsula siempre movió los hilos de mi vida para que pensaran que estaba maldita.
—No… no puedes decirme esto —murmuré—. ella me destruyó.
Él me tomó de las manos con cuidado, era un caballero, siempre lo recordé así.
—Ariadna —dijo con la