Meses después
Diego
No puedo creer que el imbécil de mi padre se atreva a hacerme esto. Podría hundir a ese idiota fácilmente si así lo deseara.
Tiene suerte de que no conviene a mis planes exponer sus negocios porque de lo contrario ya estaría en prisión.
—¿Cómo te atreves a cancelar mis tarjetas? —Le grito mientras hablamos por teléfono
—Es la única forma en la cual tienes comunicación conmigo. Te necesito en la empresa, Diego. Deben estar todos los socios para elegir un nuevo presidente sab