Capítulo 91. El eco en la puerta de vaivén
El silencio de la madrugada en la planta baja de la residencia Thurne era denso, interrumpido únicamente por el goteo metódico del grifo de la cocina y el ronroneo constante de la nevera. Bastian, con la chaqueta del uniforme pulcramente colgada en el respaldo de una silla y las mangas de su camisa blanca remangadas hasta los antebrazos, caminaba de un lado a otro sobre las baldosas de mármol.
En su rostro se libraba una batalla silenciosa. Por un lado, una comisura de sus labios se elevaba en