Abrazaba a mi mejor amigo, por detrás, tumbados en la cama, ambos mucho más calmados, acariciándole el brazo, dejando que una pregunta fluyese por mis labios.
¿cuánto te gusta?
Demasiado – aseguró él, al mismo tiempo que Marta entraba en mi habitación y ambos nos enervábamos para mirarla.