Thomas tocó el timbre de esa casa y esperó. Cuando la puerta se abrió, el rostro de Helena, que ya era tenso antes de recibirlo, se transformó completamente, abriendo mucho los ojos al observar el estado del rostro de Thomas. Era una sola cosa hinchada, con cardenales en los pómulos y en los ojos, el labio hinchado y partido, y uno de los ojos completamente cerrado. Al verlo en ese estado, Helena hizo una mueca con la boca.
—¿Otra vez te peleaste en un partido de rugby? —masculló, con voz carga