—¡Mira! ¿No es ese Thomas Sclavi? —susurró una muchachita a otra en el centro comercial.
—¡Sí! ¡Es verdad! —reconoció su compañera—. ¡Vamos a pedirle un autógrafo!
—¡No, no hagas eso! ¿Qué no ves que está con su novia?
—¡Ay, no seas tonta! ¡Sólo es un autógrafo! Y esa mujer no puede ser su novia, es demasiado vieja. Debe de ser su mamá.
Thomas tosió al escuchar eso y se puso colorado. Su madre, en cambio, dejó salir una risita.
—Me halaga saber que me consideran tu novia. Eso quiere decir que n