El murmullo en el vestuario tenía la forma de un rezo mal dicho.
Gabriel se había sentado en su rincón habitual, con el vendaje flojo en el muslo y el rostro inclinado hacia su botella de agua como si le importara el contenido. No era así. Nada de lo que ocurría dentro de esas paredes le importaba verdaderamente. Excepto una cosa.
El espectáculo.
Y el espectáculo se le estaba deshilachando delante de los ojos.
Escuchaba a Thomas, a unos pasos, gritando como si se le quemara la carne desde adent