Punto de vista de Pedro
Me quedé sentado en el coche frente a la mansión de Mateo durante otros diez minutos, observando las ventanas iluminadas, sabiendo que mi hijo estaba en algún lugar dentro de aquellas paredes.
Tan cerca. Pero no podía ir hacia él. No podía reclamarlo. Ni siquiera podía dejarle saber que existía como algo más que su enemigo.
El mensaje en mi teléfono se sentía como una sentencia de muerte: Mata a Enzo o todos mueren.
Pero yo no iba a matar a mi hijo. Y no iba a permitir q