Punto de vista de Lucía:
Lo primero que noté al abrir los ojos fue el techo.
No era el cemento agrietado y manchado de humedad que había estado mirando antes de que todo se volviera negro, sino los relieves ornamentales del dormitorio de invitados de Pedro. Familiar. Demasiado familiar.
Lo segundo que noté fue que la cabeza me pesaba como si alguien la hubiera llenado de arena mojada.
Me incorporé despacio, la habitación girando levemente mientras intentaba reconstruir lo que había pasado.
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