Punto de vista de Mateo:
El alivio de tener a Valeria sana y salva entre mis brazos todavía era fresco, pero había asuntos pendientes que necesitaban mi atención.
La encontré en la biblioteca, hecha un ovillo en el sillón de cuero junto a la ventana, con un libro que no estaba leyendo realmente.
Los moratones de su cara se estaban desvaneciendo, pero las sombras en sus ojos seguían ahí.
Cada vez que la miraba, la rabia y la ternura libraban una batalla en mi pecho. Rabia contra quienes la había