Punto de vista de Valeria
La oscuridad no era tranquila. Estaba llena de fragmentos: imágenes, sonidos, sensaciones que no tenían sentido pero que me aterrorizaban igual.
Una puerta abriéndose. Pasos pesados. El olor a whisky y cigarrillos.
—No, por favor…
Mi propia voz, más joven, desesperada.
Luego dolor. Mucho dolor.
Volvía a tener diecisiete años, sentada en mi habitación haciendo los deberes.
Era martes por la noche y mamá se había acostado temprano con una de sus migrañas.
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