Corrí por el pasillo a toda velocidad esquivando a los empleados que me miraban con extrañeza, pero mi mente estaba completamente fija en una sola imagen: la mirada de Lucio a través del ventanal. Ese destello de decepción pura que me había atravesado el pecho como una hoja afilada.
Llegué al vestíbulo principal de la planta ejecutiva, mirando desesperadamente hacia todas direcciones. No podía haber ido muy lejos. Divisé a una de las secretarias que organizaba unos folios cerca del área de archi