Todo se queda inmóvil… incluso el sonido que vibra en mis AirPods.
Marco se queda de pie en el umbral, congelado, con una mirada oscura e intensa. Sus ojos se clavan en mi coño antes de arrastrarse hacia arriba a regañadientes.
Me tapo de un tirón con la manta y me quito los AirPods. El silencio que sigue es ensordecedor, salvo por el rugido en mi pecho.
En ese momento me doy cuenta; de cuánto tiempo ha pasado desde que alguien me miró con algo que no fuera obligación. Incluso mi esposo dejó de