Anoche tenía muchísimas ganas de hacer una locura, pero no lo hice. Por más furiosa que estuviera al enterarme de que Charles me ha estado engañando, simplemente no pude.
Es humillante lo instintiva que es mi lealtad. Es como si mi cuerpo se negara a traicionar a un hombre que ya me traicionó a mí.
La cocina huele a pan tostado y café cuando entro. La luz de la mañana se derrama sobre las encimeras de mármol como algo sagrado.
El agotamiento me pesa como una losa; me retumba la cabeza y siento