—Siento que no puedo creer lo que escucho. Jamás imaginé que mi propio cuerpo pudiera traicionarme de esta manera. El calor se enrosca con tanta fuerza dentro de mí que siento que voy a romperme, y sin embargo, aquí estoy, temblando y negada justo al borde del abismo. Otra vez.
—¿Q-qué? —sollozo—. Yo... no puedo... estoy tan cerca...
Inker sonríe con suficiencia, sin inmutarse ante mis súplicas. —Exactamente, Cassie. Por eso quiero que te lo ganes. —Me suelta del cabecero, liberando mis muñecas