56. Todo para que seas feliz
El atardecer comenzaba a pintar de anaranjado el cielo y los edificios. A pesar del caos interior que estaba atravesando, mi pequeño se mantenía hablando de lo que quería ser al día siguiente y de cómo podría jugar con sus amigos. Para él, lo único complicado sería decidir entre jugar en el área de pintura o hacerlo con los instrumentos de su clase.
A veces, me hubiera encantado volver a ser una niña y no tener que vivir de nuevo en este caos.
Tras un viaje moderado, terminamos en un hotel que