El nombre de esa mujer brillaba en su teléfono como un recordatorio doloroso de que Dante y yo no éramos nada. Ese casi beso solo fue un amargo recordatorio de que nosotros no estábamos allí por amor, solo para cumplir un papel para que él reclamara su herencia. Dante cerró el teléfono con un rostro serio, lo guardó y farfulló lo que pareció ser un insulto en italiano, mordiendo cada palabra con rabia. Sus ojos me vieron por el rabillo y, como si nada hubiera pasado, volvió a posar su vista haci
J.M.Rose
Si te gustó el capítulo comenta y darle like :D si te gusta mi trabajo te recomiendo leer mis otros libros “recuperando a mi millonaria secretaria” y “vuelve conmigo ex-esposa” que son novelas ya completas