102. Gatita
Sus labios se acercaron sin permiso a los míos. Rozaban la carnosa piel de mi boca como si supiera cómo trazarla. Su respiración, pausada, se compasaba con la mía. Su mano se dirigía hacia mi nuca, sujetándome de manera suave pero firme. Sus dedos, de manera juguetona, se anclaron en mi cuero cabelludo donde trazaba círculos.
—Louisa, ¿puedo…?
Su voz no era solo una súplica de piel con piel, también era el retumbar de querer proclamarme. Su voz era ronca, su aroma era embriagante y posesivo. Dan