66. VUELTA A LA RUTINA
En el pasillo, el tiempo parecía esfumarse para Nadir y Lianet. A pesar de la avanzada hora, él la envolvió en sus brazos, ofreciéndole un refugio del mundo exterior. Ella, con la cara apoyada contra su pecho, se sentía protegida, hallando una paz inédita en su vida. Rodeada por sus brazos, el mundo exterior se desvanecía; el latido de su corazón le brindaba una melodía que eclipsaba cualquier otra conocida. El aroma de su perfume la embriagaba, provocando un estremecimiento en su cuerpo y un