—Casi te matan.
Matheo bufó, recostándose con cuidado.
—Exagerado…
Pero su respiración pesada decía otra cosa.
Enrique lo observó unos segundos más… y entonces sonrió, aliviado de verdad. Luego, sin poder evitarlo, su mirada se desvió hacia Enzo, que aún abrazaba a Valeria. Frunció el ceño al verlo