Pero era difícil.
Demasiado difícil.
Porque en la pantalla estaba Isabella.
Inmóvil.
Vulnerable.
A un segundo de desaparecer.
—¡Deténla! —repitió Dereck, con desesperación—. ¡Por favor, Gimena! ¡Esto ya no tiene sentido!
—Claro que lo tiene —respondió ella con suavidad—. Tiene todo el sentido