Pero no miró los papeles.
No de inmediato.
Sus ojos estaban fijos en la pantalla.
En la enfermera.
Que abrió la puerta.
Y entró.
El corazón de Dereck se detuvo.
—…deténla… —dijo, desesperado, dando un paso al frente—. ¡Ya firmé!
Gimena no respondió.
Solo observaba.
Disfrutando.
—¡GIMENA! —gritó Dere