147. Gatita
Zacarías
Estaba con mi pequeña loba entre mis brazos, habíamos pasado todo el día juntos en la habitación, mi cuello ardía, estaba tomando los líquidos que me habían dado, para que pudiera recuperarme. Su sed de sangre era cada vez mayor y tal como lo había predicho el sanador, lo más probable era que nuestros bebés, mis hijos, fueran más vampiros que lobos. Estaba preocupado por el parto, se le notaba el vientre redondeado y los claros signos de cansancio, tendría que empezar a ver, cómo hace